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sábado, 19 de octubre de 2019

¿CUÁNTOS QUIJOTES SOMOS? ALBERTO SUÁREZ

Quijote



¿Cuantos quijotes somos?
¿Y cuantos andaluces?
y ante las multinacionales,
con lanza y bacina,
o turbante y cimitarra,
plantemos cara y luchemos.

Andaluces, levantaos!

de la diáspora o la casa,
que no se diga,
que como a Boabdil,
no supimos defender
nuestra unión y nuestra casa
y si de rascarse el bolsillo se trata,
acordaos
cuantos buenos momentos gratis,
cuantas palabras regaladas,
ACV somos todos
y AERED nuestra casa
y Andalucía nuestra madre
que de eso es lo que se trata.

 

La noche era clara y la luna llena,
y al fondo la Giralda, iluminada,
hacia guardia sevillana a los cofrades.
Y hasta los naranjos
que con el frio se habían retraído,
esa noche explotaron,
e inundaban la calleja, aromas de azahar.
Y en un balcón, que una simple casualidad nos había llevado,
entre caña y lomo
y media y fino, los tambores se acercaron.

Una moza, que al lado, tapeaba también,

salió al balcón y con un por favor,
se situó en la reja
y en esa noche sevillana,
la música paró y calló la gente,
y en el silencio de una noche de locura,
se elevó una saeta,
que enroscándose en la Giralda,
descendió para abanicar los rostros de la gente,
que en la calle, serios, miraban,
y entre oros y sedas
y velas y brocados
se elevaba y subía y bajaba,
 y se hacia sentimiento.

Y Sevilla fue eso,

un paso, una saeta,
una gente, un sentimiento,
una luna, una Giralda,
unos naranjos y un silencio.
Y la emoción contenida, de tanto sentimiento,
de tantos momentos y tantos años sintiendo,
se desbordó como un torrente,
y Sevilla me bautizó,
con agua de sentimientos,
y entre lágrimas,
la saeta subía y bajaba,
y navegaba entre el silencio.
Y a una abuelilla,
de ojos oscuros y moño recoleto,
y galas de domingo,
y silencio reverendo,
le pregunté, mas tarde, quién era,
y me dijo: el Baratillo y la Caridad siguiendo.


Y en esa noche sevillana,
de locura y estruendo,
por fin fui andaluz
y sevillano de nacimiento,
una saeta me bautizó,
y me arropó un silencio,
y mis padrinos fueron,
la Giralda y el sentimiento,
y el azahar me honró
y la luna fue su compañero,
y lloré como un niño,
lloré como no lo hacia,
desde hacia muchísimo tiempo.



¿Cuántos Quijotes somos? ALBERTO SUÁREZ.
(14.05.2013)

martes, 14 de mayo de 2013

¿Cuántos Quijotes somos? Alberto Suárez


¿Cuantos quijotes somos?
¿Y cuantos andaluces?
y ante las multinacionales,
con lanza y bacina,
o turbante y cimitarra,
plantemos cara y luchemos.

Andaluces, levantaos!
de la diáspora o la casa,
que no se diga,
que como a Boabdil,
no supimos defender
nuestra unión y nuestra casa
y si de rascarse el bolsillo se trata,
acordaos
cuantos buenos momentos gratis,
cuantas palabras regaladas,
ACV somos todos
y AERED nuestra casa
y Andalucía nuestra madre
que de eso es lo que se trata.

 
La noche era clara y la luna llena,
y al fondo la Giralda, iluminada,
hacia guardia sevillana a los cofrades.
Y hasta los naranjos
que con el frio se habían retraído,
esa noche explotaron,
e inundaban la calleja, aromas de azahar.
Y en un balcón, que una simple casualidad nos había llevado,
entre caña y lomo
y media y fino, los tambores se acercaron.

Una moza, que al lado, tapeaba también,
salió al balcón y con un por favor,
se situó en la reja
y en esa noche sevillana,
la música paró y calló la gente,
y en el silencio de una noche de locura,
se elevó una saeta,
que enroscándose en la Giralda,
descendió para abanicar los rostros de la gente,
que en la calle, serios, miraban,
y entre oros y sedas
y velas y brocados
se elevaba y subía y bajaba,
 y se hacia sentimiento.

Y Sevilla fue eso,
un paso, una saeta,
una gente, un sentimiento,
una luna, una Giralda,
unos naranjos y un silencio.
Y la emoción contenida, de tanto sentimiento,
de tantos momentos y tantos años sintiendo,
se desbordó como un torrente,
y Sevilla me bautizó,
con agua de sentimientos,
y entre lágrimas,
la saeta subía y bajaba,
y navegaba entre el silencio.
Y a una abuelilla,
de ojos oscuros y moño recoleto,
y galas de domingo,
y silencio reverendo,
le pregunté, mas tarde, quién era,
y me dijo: el Baratillo y la Caridad siguiendo.


Y en esa noche sevillana,
de locura y estruendo,
por fin fui andaluz
y sevillano de nacimiento,
una saeta me bautizó,
y me arropó un silencio,
y mis padrinos fueron,
la Giralda y el sentimiento,
y el azahar me honró
y la luna fue su compañero,
y lloré como un niño,
lloré como no lo hacia,
desde hacia muchísimo tiempo.



¿Cuántos Quijotes somos? ALBERTO SUÁREZ.

¿Cuántos Quijotes somos? Alberto Suárez


¿Cuantos quijotes somos?
¿Y cuantos andaluces?
y ante las multinacionales,
con lanza y bacina,
o turbante y cimitarra,
plantemos cara y luchemos.

Andaluces, levantaos!
de la diáspora o la casa,
que no se diga,
que como a Boabdil,
no supimos defender
nuestra unión y nuestra casa
y si de rascarse el bolsillo se trata,
acordaos
cuantos buenos momentos gratis,
cuantas palabras regaladas,
ACV somos todos
y AERED nuestra casa
y Andalucía nuestra madre
que de eso es lo que se trata.

 
La noche era clara y la luna llena,
y al fondo la Giralda, iluminada,
hacia guardia sevillana a los cofrades.
Y hasta los naranjos
que con el frio se habían retraído,
esa noche explotaron,
e inundaban la calleja, aromas de azahar.
Y en un balcón, que una simple casualidad nos había llevado,
entre caña y lomo
y media y fino, los tambores se acercaron.

Una moza, que al lado, tapeaba también,
salió al balcón y con un por favor,
se situó en la reja
y en esa noche sevillana,
la música paró y calló la gente,
y en el silencio de una noche de locura,
se elevó una saeta,
que enroscándose en la Giralda,
descendió para abanicar los rostros de la gente,
que en la calle, serios, miraban,
y entre oros y sedas
y velas y brocados
se elevaba y subía y bajaba,
 y se hacia sentimiento.

Y Sevilla fue eso,
un paso, una saeta,
una gente, un sentimiento,
una luna, una Giralda,
unos naranjos y un silencio.
Y la emoción contenida, de tanto sentimiento,
de tantos momentos y tantos años sintiendo,
se desbordó como un torrente,
y Sevilla me bautizó,
con agua de sentimientos,
y entre lágrimas,
la saeta subía y bajaba,
y navegaba entre el silencio.
Y a una abuelilla,
de ojos oscuros y moño recoleto,
y galas de domingo,
y silencio reverendo,
le pregunté, mas tarde, quién era,
y me dijo: el Baratillo y la Caridad siguiendo.


Y en esa noche sevillana,
de locura y estruendo,
por fin fui andaluz
y sevillano de nacimiento,
una saeta me bautizó,
y me arropó un silencio,
y mis padrinos fueron,
la Giralda y el sentimiento,
y el azahar me honró
y la luna fue su compañero,
y lloré como un niño,
lloré como no lo hacia,
desde hacia muchísimo tiempo.



¿Cuántos Quijotes somos? ALBERTO SUÁREZ.