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viernes, 22 de noviembre de 2019

I FESTIVAL DE FILOSOFÍA ANDALUCÍA PIENSA.


El proyecto Filosofía en la Calle y el centro asociado de la Uned de Almería han sido los gestores de este festival en esta provincia

Por primera vez en la comunidad autónoma andaluza se ha celebrado el festival de filosofía  Andalucía Piensa. Almería ha sido la ciudad elegida para la primera edición de este evento que se ha desarrollado los días 18 y 19 en el centro asociado de la Uned. Personas destacadas en el panorama nacional en el campo de la filosofía se han dado cita en este festival. Santiago Alba y Rafael Guardiola se han desplazado a la capital almeriense para dar fe de la importancia y la necesidad de una filosofía urgente. Junto a estos ponentes también se encontraban el filósofo Antonio Guerrero, La humanista Irene Gálvez, el filósofo Manuel Álvarez y el teólogo Francisco García Carbonell. Los gestores de este festival han sido el proyecto Filosofía en la Calle y el centro asociado de la Uned, bajo el objetivo de crear a partir de ahora un espacio común y compartido para generar unión entre todas las asociaciones y grupos filosóficos del territorio andaluz. Antonio Guerrero, presidente de Filosofía en la Calle, y Rafael Guardiola, presidente de la AAFI (asociación andaluza de filosofía) han representado este espíritu unionista como recurso para hacer más fuerte a disciplina en un contexto adverso como es el presente. En este marco incomparable Antonio Guerrero estableció una declaración de intenciones del festival y el contexto en que se mueve la situación actual. Santiago Alba realizó una exposición sobre el sentido del poshumanismo. Para ello nos resumió la historia de la humanidad desde la relación entre la palabra y el cuerpo.  

FRANCISCO G. CARBONELL, RAFAEL GUARDIOLA,
I FESTIVAL DE FILOSOFÍA ANDALUCÍA PIENSA
Francisco García Carbonell (Teólogo),   Santiago Alba (Filósofo) Antonio Guerrero (Filósofo) y Manuel Álvarez(Filósofo) 


Según Alba el desarrollo se inicia desde la huida del cuerpo pero este mismo se recupera en los periodos de silencio, existiendo así una dialéctica entre ambos. Manuel Álvarez esbozó una argumentación sobre el malestar de la cultura desde la óptica histórica y crítica. Afirmó que se daba un descontento social y político. Desde ahí nos llevó a conceptos como democracia, polis y etc. Francisco G. Carbonell nos dibujó el contexto de las sociedades mercantiles y el comercio y como desde el fin de la historia resulta el poshumanismo como nuevo camino de la sociedad y el conocimiento. 


ANTONIO GUERRERO, FILOSOFÍA HOY
EVOLUCIÓN DE FEMINISMO 
con IRENE GÁLVEZ,  ANTONIO GUERRERO
 y RAFAEL GUARDIOLA 


Rafael Guardiola profundizó en la ciudadanía, dormida, y en la cultura actual, además de en la crisis de valores y la necesidad de tecnificar la subjetividad, y de una filosofía de acción. A su vez nos relató la actualidad de la AAFI. Irene Gálvez nos expuso sus argumentos sobre la evolución de feminismo a lo largo de la historia. Desde el establecimiento del patriarcado en la  hominización y como esto deriva con el tiempo en una respuesta filosófica que se constituye como pensamiento filosófico feminista y humanista. Tras la celebración de las ponencias los gestores de Andalucía Piensa declararon que van  a emprender una labor importante de unión de todos los movimientos filosóficos andaluces para el beneficio de la disciplina, que experimenta un florecimiento.

Pueden contactar a través de la página web de 
http://lamiradazurda.blogspot.com
https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle/blog

lunes, 22 de abril de 2013

Antonio Guerrero: "Jugando a la cometa"


"La niña jugaba con la cometa, allí junto al bosque, en aquella pequeña colina, un hilo de cáñamo unía la mano a ese cruce de pequeñas maderas y tela que era la cometa, o pandorga, así la llamaban en otros lugares de Andalucía, larga cola verde, de serpiente o más bien culebra que juega con el aire. Las lavanderas pasaban por el camino al pie de la colina y se internaban entre los álamos, con sus canastas de mimbre en los costados, en los cuadriles como ellas solían decir. Las ropas golpearían las piedras entre las que discurría el Nacimiento, aguas frías que enrojecen las manos, aguas que irían quitando manchas de tierra, sudores del trabajo diario con la azada y con el arado. La cometa, dirigían sus alcahuetes ojos hacía el bosque. Maribel había pintado dos ojos y una boca sobre la tela blanca con unos tizones.

Por entre los troncos de los árboles se colaba el canto de Pilar, que restriega que restriega, cantaba, "Cuando anochece en el mar soñando que eres la roca y yo no veo tu boca para poderla besar que miedo sienten las olas más miedo paso yo sola cuando a mi lado no estás.

Y esa luna marinera

lo solita que ya está

vigilando a las estrellas

a la barca y a la vela

y a los hombres en el mar"

Canta Pilar y las demás disminuyen su trajín, hasta la cometa se vuelve algo sosegada, hasta el aire, vamos a escuchá que diría alguien, solo el agua actúa acompañando a la voz....."

El cante de Pilar le llegaba acompañado del rumor del arroyo. Aquel arroyo al que pomposamente le llamaba todo el mundo "el río". Cantaba poniéndole toda la voz, como sólo se canta en el campo y en los espacios abiertos, copiando el estilo que tantas veces había oído en las cuadrillas de segadores.

La algarabía y las bromas de las comadres que chapoteaban enjuagando la ropa, se fueron reduciendo hasta llegar a un respetuoso silencio que permitiera escuchar la canción. A Carmela, cuando le llegó la estrofa "y yo no veo tu boca... para poderla besar" le entró un escalofrío que le bajó por la espalda, mientras un rubor pintaba sus mejillas de rojo. Tenía aún palpitando en sus labios los besos que había depositado él tiernamente la noche anterior, y le parecía que podían notarlo como si lo llevara escrito en la frente.

Carmela, con sus diecisiete años recién estrenados, tenía que ocultar que bebía los vientos aquel muchacho de cara triste y profundos ojos negros que apodaban "el cubano" porque había regresado hacía unos años de luchar en la Guerra de Cuba. Aquel último encuentro a través de la reja en la noche anterior, había despertado en ella un volcán que había hecho que su corazón se le subiera casi a la boca. Cuando ya estaba loca de besos había notado como las manos de "el cubano" habían ido subiendo el refajo hasta tocar sus muslos desnudos...

Revista n1, año I Agosto 2000 (pág.9-10)

Antonio Guerrero: "Jugando a la cometa"


"La niña jugaba con la cometa, allí junto al bosque, en aquella pequeña colina, un hilo de cáñamo unía la mano a ese cruce de pequeñas maderas y tela que era la cometa, o pandorga, así la llamaban en otros lugares de Andalucía, larga cola verde, de serpiente o más bien culebra que juega con el aire. Las lavanderas pasaban por el camino al pie de la colina y se internaban entre los álamos, con sus canastas de mimbre en los costados, en los cuadriles como ellas solían decir. Las ropas golpearían las piedras entre las que discurría el Nacimiento, aguas frías que enrojecen las manos, aguas que irían quitando manchas de tierra, sudores del trabajo diario con la azada y con el arado. La cometa, dirigían sus alcahuetes ojos hacía el bosque. Maribel había pintado dos ojos y una boca sobre la tela blanca con unos tizones.

Por entre los troncos de los árboles se colaba el canto de Pilar, que restriega que restriega, cantaba, "Cuando anochece en el mar soñando que eres la roca y yo no veo tu boca para poderla besar que miedo sienten las olas más miedo paso yo sola cuando a mi lado no estás.

Y esa luna marinera

lo solita que ya está

vigilando a las estrellas

a la barca y a la vela

y a los hombres en el mar"

Canta Pilar y las demás disminuyen su trajín, hasta la cometa se vuelve algo sosegada, hasta el aire, vamos a escuchá que diría alguien, solo el agua actúa acompañando a la voz....."

El cante de Pilar le llegaba acompañado del rumor del arroyo. Aquel arroyo al que pomposamente le llamaba todo el mundo "el río". Cantaba poniéndole toda la voz, como sólo se canta en el campo y en los espacios abiertos, copiando el estilo que tantas veces había oído en las cuadrillas de segadores.

La algarabía y las bromas de las comadres que chapoteaban enjuagando la ropa, se fueron reduciendo hasta llegar a un respetuoso silencio que permitiera escuchar la canción. A Carmela, cuando le llegó la estrofa "y yo no veo tu boca... para poderla besar" le entró un escalofrío que le bajó por la espalda, mientras un rubor pintaba sus mejillas de rojo. Tenía aún palpitando en sus labios los besos que había depositado él tiernamente la noche anterior, y le parecía que podían notarlo como si lo llevara escrito en la frente.

Carmela, con sus diecisiete años recién estrenados, tenía que ocultar que bebía los vientos aquel muchacho de cara triste y profundos ojos negros que apodaban "el cubano" porque había regresado hacía unos años de luchar en la Guerra de Cuba. Aquel último encuentro a través de la reja en la noche anterior, había despertado en ella un volcán que había hecho que su corazón se le subiera casi a la boca. Cuando ya estaba loca de besos había notado como las manos de "el cubano" habían ido subiendo el refajo hasta tocar sus muslos desnudos...

Revista n1, año I Agosto 2000 (pág.9-10)