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jueves, 11 de octubre de 2018

EL NOMBRE SECRETO DEL AGUA. FAUSTINO LOBATO


EL NOMBRE SECRETO DEL AGUA

FAUSTINO LOBATO DELGADO






Reseña del libro: 

“El nombre secreto del  agua” 

de Faustino Lobato

 

por MARÍA ÁNGELES LONARDI



El autor utiliza una frase de Heráclito, que aparece al inicio del libro: “Todo fluye, todo cambia, nada permanece” para darle nombre a cada apartado y así, el libro se divide de la siguiente manera:

Todo fluye, apartado I, Todo cambia, apartado II, Nada permanece, apartado III
e intenta explicar con poemas todo lo que nos dice Heráclito.

Como el nombre del agua es secreto, el autor está despertando nuestra curiosidad, desde la primera página y la pregunta es inminente: ¿Cuál es ese nombre? O también ¿Quién es? ¿Quién soy? Ante el interrogante, soy agua. Y ¿qué le ocurre al agua? Con estos poemas el autor intenta descifrar el enigma y descubrir el misterio.

Y coloca también al inicio del libro, muy acertadamente, una frase de Michel Houellebecq: “Estoy en tu presencia/como ante otro mundo/no obstante llego al fondo de ti/me detengo, escucho los segundos/ y hay allí otro mundo” pretendiendo hacernos saber que hay alguien más, que siempre, hay alguien más. “No obstante” – dice- , “me detengo y escucho” como a la vera de un rio…porque el agua es verdad, el agua es vida, el agua es cambio, el agua es movimiento.

Comienza diciendo: “Todo fluye”. La primera parte es un canto al movimiento.
Utiliza el simbolismo y la metáfora pero sin exagerar y en una comparativa muy bien cuidada va destejiendo una madeja, en el afán de darnos pautas de cómo reconocer el agua y cómo hallar el parecido con cada uno de nosotros. Podemos decir que personifica al agua y lo compara con uno mismo; e identifica a otros elementos también, como la tierra, el fuego o el aire, nombrando así, los cuatro elementos esenciales de la vida.
El autor nos habla de un hombre que se reconoce en medio de la fragilidad, vulnerable y condenado a repetir “sensaciones queridas y pocas veces alcanzadas”.
Es decir, el agua da nombre, da sentido a su existencia y en el agua cree encontrar su razón de ser. Y en el sentir escapar el agua entre los dedos nos describe la magia que fluye mansamente como las horas de nuestro día a día. Nos habla de un sereno discurrir en la monotonía de los días.

Reconoce al agua como un elemento principio de la vida que configura y conforma la existencia de los seres, de cada uno de nosotros y de esta manera universaliza el contenido del libro.

Todo fluye en medio de la confusión y se vuelve lucha contra corriente e impetuosa a la vez, como en la vida misma; estableciendo así un hermoso paralelismo.

Esas luchas contra las corrientes internas, los impulsos, los deseos irrefrenables nos llevan a veces a mantener un desgaste de energía que nos anula y no nos permite relacionarnos adecuadamente, por no estar en paz con nosotros mismos, con nuestro interior. Si no hay paz interior, no podemos proyectarnos y corremos el riesgo de ensimismarnos, de caer en el ostracismo.

Sin embargo, este hombre va ligero de equipaje, libre de prejuicios y se deja llevar. Obedece al verbo sin oponer resistencia intentando llegar al paraíso.
Descubre también la distancia que existe entre el mensaje y la palabra en los labios, esa palabra no dicha que se queda en la boca y se pregunta ¿Cómo romper con todo? ¿Cómo dejarse abrazar hasta la última coma del cuerpo. Porque el cuerpo es palabra.

Todo fluye. Y en ese movimiento, él busca el equilibrio entre las curvas del verso y se siente creador. Y es el silencio. Y busca refugio en el silencio soportando “la melancolía de las horas”. Está en movimiento, en constante búsqueda…

En la segunda parte, nos habla de cambio y cuando cambia el paisaje y el agua, todo cambia. Y cambia el ser humano como el agua que “transita entre las manos”.

Pero, en medio de tanto cambio, algo nos conecta, algo nos mantiene…La memoria del ser es fundamental, nos mantiene con los pies en la tierra, nos define. Al mismo tiempo nos descubre el caprichoso destino pecador que cargamos como una cruz y que resiste al mismísimo infierno.
Todo cambia, todo es expresión. Habla del “lenguaje de los gestos” para expresarnos.

Aquí aparecen dos elementos: tierra y el fuego. Tierra que conforma el cambio en los contornos de la existencia y Fuego que nos habita. Pugna vital en constante cambio.

Nos habla de: el camino, el barro, la huella, la debilidad, la bruma…El hombre hacedor de su destino, artífice que pretende ponerle nombre a todo y que, ante la encrucijada, no quiere romper la armonía, no quiere equivocarse, ni olvidar otras miradas que lo invaden y de las que también se siente responsable. Porque este ser, no está solo.

Los impulsos lo llevan a dar el primer paso, a dar un beso, un abrazo que lo protege de sus dudas. En medio de este cambio, siente “la angustia de las pérdidas y la alegría de todos los encuentros”. Porque la carne es frágil, es débil.

La incertidumbre del cambio es inherente al ser, sin embargo, este ser descubre el amor y se sorprende. Y en el encuentro de la carne, reconoce el capricho y no puede ignorar la angustia de la soledad que lo determina.
Busca, no tiene palabras para describir lo que siente, la pasión lo abraza, y pretende tontamente, frenar el vértigo de la corriente…

Con “el ímpetu del aire, en torbellino”, más allá de los temores, se lanza libre. Huye de la soledad y entonces descubre que nada permanece y en la tercera parte nos habla de lo efímero. Quiere escuchar el agua, pretende encontrar las respuestas entre los rumores de un manantial. Y aunque vuelva la nostalgia del pasado, en este presente que le toca vivir descubre que nada es permanente y se “resiste a sucumbir bajo la historia de estos días de fluir como el agua”. Todo es cambio, todo es movimiento.

Desea estar a solas para encontrarse a sí mismo. Los temores lo acechan. La soledad le “cuenta historias reales sin héroes ni princesas, de abrazos que no fueron”, de fracasos, de silencios, mientras él reconoce “ese afán de otro universo que juega a ser cielo”. Pero, en ese silencio, la angustia toma partido.

El ser busca certezas y no las encuentra. Ese es nuestro sino. Teme y sigue “mudo ante la fragilidad del misterio que lo circunda”. El resiste en su interior aferrado a un “impulso que busca en el espejo del agua versos prohibidos”. Versos que nos muestran a un hombre frágil, vulnerable, contrariado e inseguro, que conoce sus miedos, que no les teme, pero que, también sabe que todo es efímero, que todo es cambio, es fluir como el río, como el agua.

Un libro que nos muestra un ser humano, muy humano, como cualquiera, que a pesar de saber de esa fragilidad y la falta de certezas, con el verbo apenas como única arma, con la palabra, conserva el anhelo de darle nombre al agua, nombre a esa atracción que se hace irrenunciable. Aunque sabe que es secreto, aunque sabe que no será fácil, no puede renunciar a buscar esas respuestas, no puede dejar de intentar darle nombre a la nada o al todo, no puede renunciar a su esencia, a pesar de la corriente de las horas.

Este libro nos enseña a mirarnos y a descubrirnos en nuestro propio reflejo en el agua.


EL NOMBRE SECRETO DEL AGUA




FAUSTINO LOBATO


Nº DE PÁGINAS: 82 PÁGS.


ENCUADERNACIÓN: TAPA BLANDA

EDITORIAL: VITRUVIO

LENGUA: CASTELLANO

ISBN: 9788494532672

COLECCIÓN BAÑOS DEL CARMEN, Nº 574, AÑO 2016.


Escritor nacido en Almendralejo (1952), aunque gran parte de su vida transcurre en Badajoz donde mantiene una estrecha relación con el mundo gitano. Hombre de mundo, sobre el que ha dejado su amplia travesía de tránsitos y geografías. En su estancia en Belgica toma contacto con poetas y autores de la narrativa franco-belga. Hombre comprometido. Actualmente es profesor docente de Filosofía.


Colabora como columnista en el periódico digital Extremaduraaldia.com. Participa en los foros de poesía Libertad 8 y Poesía pura.


Ha obtenido el Diploma de honor en el V Concurso Internacional de Arte "Amico Rom" en Lanciano (Italia), el Primer Premio de Poesía Villa de Montijo (2000), el Primer Premio en el Concurso de Poesía de Primavera de la Real Sociedad Económica de Amigos del País (2002), Premio del II Concurso de Cartas de Amor de San Vicente de Alcántara.




MARÍA ÁNGELES LONARDI

 María Ángeles Lonardi


Nació en Larroque, Provincia de Entre Ríos, Argentina. Es Poeta, Escritora y Profesora.

Desde 2002 está radicada en Almería España y participa activamente en las letras.

Posee numerosos Premios literarios en Argentina,en España y premios Internacionales.

Libros de poemas publicados “Amores” (1997) “Entre calamidades y milagros” (2005).El jardín azul (2014) dentro de “Cuatro poetas” IEA y “Poemas para leer a deshoras” (2017).

Integra varias Antologías a ambos lados del Atlántico. Es Jurado de Concursos literarios.

Es miembro del Departamento de Arte y Literatura del Instituto de Estudios Almerienses, miembro del Centro Andaluz de las Letras e integrante del Circuito “Ronda andaluza”.

Es Miembro del Movimiento “Humanismo solidario” e integrante del colectivo “Poetas del Sur”.   

Su trayectoria, en su blog personal: 

martes, 9 de enero de 2018

“Las siete vidas del gato”

Comentario del libro: 

“Las siete vidas del gato” de Faustino Lobato Delgado
De  La Editorial.es Edición E-book. por María Ángeles Lonardi


FAUSTINO LOBATO

Hace unos días, Faustino me regaló su libro versión digital y me propuso que le hiciera una reseña o comentario, a lo que accedí encantada, porque considero que es un detalle de su parte y es un libro que merece la pena. A pesar de que, de primeras parece una historia personal, intimista y hermética, este libro es un canto a la vida, pensado para todos los hombres de buena voluntad, porque todos somos iguales a los ojos del Creador y todos tendremos que enfrentarnos algún día, de una u otra manera , al mismo desenlace.


LAS SIETE VIDAS DEL GATOSé, por referencias del autor, que este libro lo escribió en un momento muy duro y muy difícil en la vida. Precisamente en esos momentos, es cuando nos planteamos sobre nuestra existencia. Es tan corta la vida, es tan poco el tiempo que tenemos y creo que, más nos afecta la incertidumbre de no saber hasta cuándo.
Faustino intenta darle a su padre siete vidas pero también dárnoslas a nosotros, para poder sobrevivir a todas las pruebas y seguir aquí, dándolo todo, insistiendo, con más ganas de vivir. Porque parece que él quiere que nos quedemos aquí.
Un gran temor a la pérdida se trasluce en el fondo de este grito desesperado por sobrevivir, cueste lo que cueste.
También me parece que, conocer de cuestiones de Fe y por su cercanía a Dios, hacen que el autor deje una puerta entreabierta a todos los interrogantes. Sabedor de nuestras limitaciones, da una prueba más de que los hombres no tenemos las respuestas.
Y me viene  a la memoria una frase del genial Ricardo Piglia, que me parece muy interesante destacar en este punto.

Hay que vivir en tercera persona (Ricardo  Piglia)
No siempre puede uno saber a qué ha dedicado una mujer o un hombre los últimos años, meses o días de su existencia. La vida se parece entonces a uno de esos filtros degradados en los que apenas se perciben los límites del final. Uno solo sabe que se acaba. Fin.
Y ante la inevitable partida, la fragilidad y lo vulnerable de nuestra condición humana, toman protagonismo. “Las siete vidas del gato” está dedicado a su padre, de quien aprendió a mirar la vida, dice el autor. Y a modo de un intento por organizar las piezas del puzle, divide el libro en  cuatro grandes capítulos y unas Reflexiones finales, como un epilogo, muy recomendables para ampliar la visión y la perspectiva que pretende  darle el autor.

PARTES DEL LIBRO

I Enfrentar latidos
II Las siete vidas del gato
III En la frontera de los pasos
IV Hay tanto viento.

Reflexiones finales.

No voy a hacer una crítica literaria, ni a ahondar en recursos y tecnicismos académicos, pero sí diré que este libro, lo que necesita es ser leído, y con detenimiento, puesto que tiene mucho que aportarnos.
El autor conoce las metáforas y recurre a ellas para expresar desde  la hondura del sentimiento, lo que a veces, resulta indescriptible. Acepta lo que está viviendo pero, también sabe de la crudeza del dolor y de lo contrariados de sus sentimientos y de lo que está experimentando en este duro trance. Y con una habilidad exquisita, recurre a la simbología también. Pretende decir, pero no herir susceptibilidades. Utiliza imágenes sensoriales que, nos hacen descubrir el excelente dominio del lenguaje figurado. Por ejemplo, hablará del viento en lugar de la mirada o se referirá a lo efímero de la existencia con la expresión “carne”.
A lo largo de los poemas la tensión aumenta, la trama y la urdimbre tejen la expectación. Una lucha interna por mantenerse integro junto al padre que se va y por soportar, como corresponde, lo que no estamos preparados para aceptar ni soportar, a ojos de una sociedad costumbrista, que hasta te dice cómo tienes que hacer el duelo.
Cuando la partida es inevitable aparecen los interrogantes, las incógnitas, las dudas y los planteamientos y nos replanteamos prácticamente todo y nos detenemos ante la falta de respuestas, ante el silencio y Faustino, lo describe magistralmente en estos versos finales:
“Tu memoria se quema a la sombra
del silencio, arde en el fuego original
de tu sonrisa. Cuanto aprendí
en ese no decir nada y en tus gestos
diciéndolo todo, cuánto.”
¿Hasta qué punto estamos dispuestos a mantenernos firmes hasta el último aliento? ¿Hasta qué punto somos capaces de escuchar y de entender los silencios que, aunque parezca una frase hecha, dicen más que mil palabras?.
¿Hasta dónde somos capaces de llegar? Quemamos los cartuchos, esperanzados en obtener otra vida para seguir y seguir, porque sería un alivio saber que tenemos disponibles varias vidas, antes de la partida definitiva  ¿verdad? 
Estas son algunas de las reflexiones que suscita el libro a la vez que te va estremeciendo. Se nota la madurez del autor, el saber estar ante las circunstancias y una aquilatada estabilidad emocional envidiable. Una capacidad que le permite enfrentar con entereza, a pesar de las debilidades de la carne,  ciertas tempestades de la vida. Va buscando la luz para, aferrado a ella, soportar con mayor fortaleza los embates del camino.
Ojalá aprendamos a ver con los ojos de Faustino, que le dio valor al momento y se mantuvo firme, integro, para seguir aprendiendo de su padre, de quien aprendió a mirar la vida -como dice -. Sería una buena prueba de que este libro tiene mucho que aportarnos, para que no sea solamente “un tránsito animal”.
Solo hay que saber leer estos versos que están escritos con el corazón y que son la carne del poema. Una intencionalidad que nos lleva a un marco contemplativo para enseñarnos a ver de manera más sensible, el otro lado de lo inevitable.
María Ángeles Lonardi
Almería, 30 de diciembre 2017