Mostrando entradas con la etiqueta Fernando de Villena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando de Villena. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de mayo de 2016

MORIR POR MI DEMANDA. FERNANDO DE VILLENA


No es habitual encontrar en el panorama de las letras españolas un autor tan fecundo como el granadino Fernando de Villena. No hay disfraz ni careta que oculte su poética. De Villena se desnuda en cada libro, hasta alcanzar la cima de la esencialidad y hondura poética que desea, con independencia del tema elegido para expresarse, hecho que lo distancia de mediocridad existente en poesía última. Fernando de Villena (Granada, 1956) alterna, con una fuerza insuperable, la novela y la poesía, incluso de vez en cuando el ensayo o la crítica. Su capacidad creadora es ciclónica. Si el pasado mes de septiembre nacía “Morir por mi demanda”, libro que recomendamos en esta ocasión, a principios de este año 2016 veía la luz “Hiemal” (Ed. Alhulia), el cuarto volumen de sus memorias, y hace unos días se presentaba en Granada su última novela “Los conciertos” (Ed. Nazarí). Aun cuando de Villena sabe moverse en las procelosas aguas de la narración como verdadero pez, evidencio –y es mi opinión- que es el poeta siempre el que me conmueve, porque además del oficio, existe en él lo que llamo temblor, alquimia de conocimiento y emoción, cuestión esta última que algunos poetas actuales silencian o desprecian con exagerado descaro y atrevimiento. Pero esta es harina de otro costal.


 De Villena compagina, armoniza en su exacta medida el verso clásico (endecasílabos, heptasílabos, etc.) con el libre, y de ese mestizaje se nutre hasta componer poemas en los cuales forma y fondo se complementan, sin restar belleza alguna al conjunto. No es habitual, en los tiempos que corren, que la poesía se torne pura religiosidad, y sin embargo, esta circunstancia, unida a la sensibilidad del poeta y su particular concepción del mundo y de sus moradores, basada fundamentalmente en las enseñanzas cristianas, nos hacen reflexionar y pensar con total libertad, sin que en ningún momento sienta el lector atadura o imposición alguna. Como ya dijera Quevedo respecto a la palabra libre: «que es lengua la verdad de Dios severo, / y la lengua de Dios nunca fue muda». El sentimiento religioso del poeta no se circunscribe a la mera descripción, a la complacencia de la fe sin rebeldía alguna, sino todo lo contrario. No hay beatitud en el poeta, sino compromiso, denuncia y reproches, también aseveraciones y creencias cuando tocan. En el uso de su libertad exige libertad, solidaridad y justicia para los desposeídos. El hombre como ser en sí mismo está presente en todo el poemario, le preocupa al poeta las circunstancias en las cuales se desarrolla como tal, y por eso alza la voz y grita al mundo sus tristezas de hombre y poeta. De Villena nos propone un viaje al sentimiento más humano: la fraternidad y la igualdad. El libro que nos ocupa, “Morir por mi demanda”, se estructura en tres bloques o partes. Una primera, “Introito”, en la cual el soneto es el protagonista, como muestra los tercetos del poema “Por tantas cosas”: «por el don de la vida y su dulzura / y el de la libertad, clavel al viento, / y por tener con quien gozarla tanto; / por velar de mis hijos la andadura / y por ser la Razón donde me asiento, / te doy, Señor, las gracias y mi canto»; una segunda parte, “Celebración”, donde la voz del poeta, dolorida, se rebela contra la injusticia o la sinrazón del hombre contra el hombre, también contra la poesía y la duda, como así lo expresa en varias estrofas del poema “Vacilaciones de la fe”: «Me parece todo tan injusto esta noche, / tan injusto como escribir un poema / después de haber cenado, / mientras mueren de hambre, / mientras mueren de balas, / mientras mueren sin una sola oportunidad / miles de seres, de hombres como yo, / de niños, de ancianos, de mujeres…// No sé si de verdad existes, Señor, / pero a veces considero / que fue inútil enviar a tu Hijo, / pues nada, nada hemos aprendido / de sus limpias palabras / y sus hechos y su final terrible / que a la vez fue principio. / No sé si de verdad existes, / pero ahora quisiera / que de verdad existieses / para sanar tanta pena, / para colmar tanta esperanza»; por último, una tercera parte, “Acción de gracias”, compuesta por un solo poema, en la cual el poeta, ante el temor por la pérdida de la esposa, escribe un largo poema en liras, “Poema de un día”, del que reproducimos los versos finales: «Aquí, Teresa mía, / gracias demos a Dios por mar y cielo, / por la tierra bravía, / por descubrir su velo / y también por mirarnos con desvelo. // A este paisaje donde / tanto son nuestras huellas conocidas / y la dicha se esconde, / con las almas unidas, / hemos de retornar en nuevas vidas». Un hondo y acertado libro de quien es, sin duda alguna, uno de los autores más destacados de la poesía española actual: Fernando de Villena.


Título:Morir por mi demanda
Autor/a: Fernando de Villena
Edita:Port Royal (Granada, 2015)

domingo, 26 de octubre de 2014

Los colores del mundo. Fernando de Villena


El granadino Fernando de Villena es sin duda alguna uno de los poetas españoles más relevantes del siglo XX y XXI. Su producción literaria es tan extensa como deslumbradora. Doctor en Filología Hispánica ha sido galardonado recientemente con el Premio Andrés Bello, por su labor Lingüística y Filológica, como también con el premio Andalucía de la Crítica de narrativa 2009, por su libro El testigo de los tiempos. El motivo que nos convoca en esta ocasión es la publicación del libro Los colores del mundo, integrado por cuatro poemarios ya publicados con anterioridad (Conticinio, Por el punzón oscuro, La década sombría y La hiedra y el mármol) y otros cuatro inéditos (Cinematógrafo y otras elegías, El palacio íntimo, Repúblicas del ensueño y Una oscura gaviota). Será de estos últimos poemarios los que ocuparán mi atención en esta reseña crítica. El poemario Cinematógrafo y otras elegías atrae por ese aire nostálgico que nos envuelve en ese recorrido por los cines granadinos de la infancia (Cine Olimpia), adolescencia (Cine Gran Vía) y juventud (Cine Cartuja). Fernando de Villena nos descubre y revive el miedo a la soledad: «¡Qué congoja sentí en aquel instante, / sentado entre mis padres, / con miedo de perderlos algún día / y hallarme ante la vida, / tan brumosa, / nadando como un náufrago / sin tabla donde asirse, / sin islas a la vista», también el tiempo y sus heridas: «Y tan lejos estaban / el lunes y la angustia de las clases, / las bofetadas crueles / de aquellos reprimidos sacerdotes / con caspa en las sotanas y en las almas». Cada cine es una remembranza de esa película inolvidable, de ese mundo de los sueños donde el poeta se acomoda y refugia ante la acechanza continua de los muchos abismos existentes, pero igualmente esperanzador si el amor se muestra: «Desde entonces luché por que en mi vida / el amor siempre fuese / una apuesta total de eternidad». Con versos endecasílabos, mayoritariamente, construye Las otras elegías, a excepción de la decimosexta (Plaza de Mariana Pineda) que lo hace en alejandrinos. En el siguiente poemario, El palacio íntimo, el poeta esculpe el más grande y hermoso monumento a la amistad, dedicando algunos poemas a personas como Antonio César Morón, Encarna León o Juan J. León, o a figuras como Jacinto López Gorgé o José Heredia Maya, sonetos casi siempre, los contenidos en este libro. Pero Fernando de Villena es un poeta de mirada limpia y abierta, sobre todo a la Naturaleza, de ahí que declare no ser un poeta urbano: «Existe desde luego una belleza / concreta de lo urbano; / pero dejadme a mí / las rubias alamedas en otoño, / la gran Sierra Nevada / en días soleados del invierno, / las muchas rosaledas / que ornan la primavera / cuando no los jazmines en verano / y, en cualquier mes, dejadme, sobre todo / nuestro Mediterráneo». 
En Repúblicas del ensueño el poeta nos invita a viajar por el tiempo de los sueños y las tierras de conquista: Marraquech, Bogotá, Buenos Aires, Uruguay o hacia la India, y así se escribe: «…pienso en todas las tierras / que a través de los años visité, / en todos los horizontes, / en los rostros que vi sólo un instante / y eran de gentes / con vidas e inquietudes / iguales a las mías… / Y pienso en los caminos recorridos / y en cuanto de valor saqué de ellos». Mas el poeta no puede sino regresar a su Mediterráneo (Grecia, Túnez, Balcanes), tantas veces cantado, y amado hasta el dilirio: «Soñé que te veía / como un gran río de ceniza o lava seca. / Pero no escribiré tu epitafio, / mar de mis ensueños, mar sagrado». El último libro de este libro de libros lo titula el poeta Una oscura gaviota y los temas tratados van desde el amor (Amor), el paso del tiempo (Arrugas), la preocupación social (Mísera España o La nochebuena del mendigo) a lo más cercano, la familia, con el poema A mi esposa e hijos, en el cual el poeta resume su propia vida: «Empezar otra vida diferente / a pesar de mi edad; / no ser este Fernando de Villena / que tanto daño ha recibido, / que tan cansado está, / que apenas ya comprende / el mundo que lo cerca. / Empezar otra vida…Sí; de acuerdo, / pero siempre a tu lado, a vuestro lado». Así es el poeta universal Fernando de Villena.



Título: Los colores del mundo
Autor:Fernando de Villena
Edita:Carena (Barcelona, 2014)