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viernes, 3 de octubre de 2014

La rana. Lola Soria, Manuel Lozano y Fernando Rebollo

La rana.




Aquí te envío un relato sobre unas ranas muy peculiares. 
Ha sido elaborado entre Lola Soria,  Manolo Lozano y un servidor
esperamos que te guste.

Un relato que tras estas palabras comienzo a escribir, un relato que habla de un abuelo camino de las parras, camino de la tierra que cultivaba y lo que le sucedió en ese trayecto. 

Beires, otoño en Beires, sentados en la chimenea el abuelo contaba historias a los niños allí congregados. Los troncos ardían impulsados por la leña fina que el abuelo había colocado apenas cinco minutos antes. 
Maribel su nieta le había pedido que le contase alguna historia, venga, abuelo, cuenta abuelo. El abuelo se hizo de rogar un poco pero como los demás niños también insistían al final se decidió. 
"Pues veréis, una mañana iba al campo con mi azada y una talega donde llevaba la comida, pues muchos días almorzaba yo en el campo, clareaba el día, los gallos cantaban, kikirikí, kikiriki, los perros ladraban a mi paso, guau, guau, guau, pero como estaban encerrados en los corrales no podían hacerme nada. Tres cosechas perdidas, me veía sin fuerzas para cultivar, ésta casi seguro que sería la cuarta.
En las afueras del pueblo se podía observar como el sol no tardaría en salir, aunque todavía había sombras. En los árboles había un poco de rocío en sus troncos y en sus hojas, la hierba estaba mojada y mis botas se mojaban al pisarla, pues bien, cuando emprendía el camino del terreno que iba a cultivar, en un recodo del camino junto a un pequeño lago me encontré una gran rana, de color verde intenso, al mirarla empezó a croar y otras ranas vinieron hacia el lugar donde se encontraba ésta y también comenzaron a croar, jamás había visto tantas ranas juntas." 
Tu lector te preguntarás. Qué hace una rana grande, inmensa a estas alturas del relato, si el hombre iba alegre y confiado a cultivar la tierra. Qué culpa tengo yo lector, si al croar de esta vinieron otras y la orilla del camino se convirtió en una procesión de anfibios en la amanecida. Qué culpa tengo yo, qué culpa tiene el abuelo de que en un recodo del camino hubiese un pequeño lago donde las ranas se criaban grandes y hermosas, sigamos pues, que a estas alturas ya tengo curiosidad por saber lo que pasó. 
Giré la vista al camino y la rana grande dejó de croar, las demás se tornaron silenciosas emulando la conducta de su jefa. Proseguí camino hacia la tierra, la rana grande daba saltos y las demás hicieron lo mismo sobre la hierba. Me percaté de esto y de nuevo giré la cabeza para ver que pasaba, en ese momento comenzaron a croar de nuevo, salí corriendo despavorido y las ranas dando saltos y croando me perseguían. Vaya escandalera, yo estaba aterrado, tanto miedo tenía que dejé la talega y la azada en medio del camino, las ranas dejaron de croar, hicieron una gran círculo rodeando lo que se me había caído.


Proseguí camino, no me atrevía a volver al pueblo, miedo tenía que esta multitud de anfibios me persiguieran, todavía me quedaban varios recuerdos como el anterior y temía el mismo encuentro, los mismos sucesos. 
A medida que mis pasos me llevaban a la siguiente charca mis ojos se anticipaban e intentaban intuir lo que allí había, diez metros y ya estoy cerca, el camino y al lado la charca. Agua cristalina que deja ver el fondo y una diminuta rana sobre una pequeña piedra que al verme se sumergió en las aguas. Suspiré aliviado y proseguí camino. 
Tenía que pasar una pequeña corriente, salté sobre las piedras cuidando de no caerme al agua que se remansaba tras su lucha con las ruedas del molino que a escasos cien metros se encontraba. Un, dos, tres, cuatro y ya estoy al otro lado. El sol ya estaba fuera, los primeros rayos atravesaban las aguas, pequeños pececillos en bandada de un lado a otro del pequeño lago y una rana grande sobre una gran laja, de ojos vivos, inmutable ante mi presencia. Muevo un brazo para asustarla y comienza a croar, otras ranas, infinidad de ranas salían de las aguas y se colocaban en la orilla, mil, dos mil, tres mil ranas, grandes, pequeñas croando en las primeras horas día, alrededor de las piedras de paso, por todos los lugares del pequeño lago. 
Huí despavorido, subí la cuesta tras la cual se encontraba el valle en el que estaban los aceituneros, las parras, la alberca, el pozo. 
Tu.
¿yo?
Si tu, escribiente a un teclado pegado, deja al abuelo en paz ¿es que acaso no lo vas a dejar comer hoy?, ¿es que vas a llenar su tierra de anfibios, que de nuevo harán entrar en sus oídos ese ruido maravilloso en bajas cantidades e infernal en muchas?
No lo sé duende, no lo sé, no conozco aún la tierra que hay tras de la cuesta, trece líneas quedan para acabar el folio y ¡hay tantas cosas!, La tierra de Beires es tan fértil en recuerdos, historias, que no podemos más que dejarnos llevar por las aguas, por los vientos, por las ranas, por los viejos molinos. Deja duende que mientras el abuelo se sienta sobre una piedra y divisa el valle, por mis oídos suenen los cascabeles de Rosana, de esta canaria que en el domingo en el cielo a la par que los gorriones me canta lo que me quiere. "Al son de los cascabeles los domingos en el cielo....", muévete chiquilla, alegra esa cara, ese cuerpo, un, dos ... "Al son..." Ese acordeón, ay, ay,, "al son.."
La subida me había fatigado y al final de ella decidí sentarme en una piedra antes de disponerme a bajar al valle, las ranas habían agotado buena parte de las energías del desayuno. Quedé profundamente dormido, aunque el aire estaba un poco frío el sol ya comenzaba a dar en mi cuerpo, el lateral de la montaña me resguardaba de los fríos aires del Norte, ya conocéis ese lugar porque soléis pararos cuando vais a la alberca los veranos a bañaros.
Soñé que miles de ranas, grandes, pequeñas araban la tierra, eliminaban las malas hierbas dando saltos sobre ellas, sacaban agua de los arroyos, de los pozos, de las charcas y regaban las parras, los ajos, las cebollas, el perejil, asustaban con su croar a las alimañas, cuidaban los garbanzos y el trigo, nutrían sus raíces de agua, metían en ellas humus de otras tierras, abonos naturales, abrigaban las raíces de los aceituneros con hojas secas de álamos, convertían aquella tierra en el vergel que hacía cinco años fue. Cuando desperté miré el valle, miré mi tierra y la encontré más verde que nunca, emprendí carrerilla hacia allá ayudado por la bajada. El trigo había crecido, las parras comenzaban a augurar las uvas más jugosas de todos los veranos, los olivos estaban cargados de flores, de futuras aceitunas, ajos, cebollas, perejil frondoso, papas que hacían abombar la tierra de tan grandes que eran. 
Miré al cielo y pregunté que pasaba, había ocurrido un milagro, mi voz rompió el silencio de la mañana, demasiado ocupados debían estar allá arriba pues no hallé respuesta, pequeña voz la mía, para un cielo tan grande.
Me lavé la cara con agua fría del pozo, pues parecía no haberme despertado de aquel sueño, volví a mirar y era real lo que veía, la tierra sabiamente movida, toque las bolsitas de los garbanzos, auguraban una gran cosecha, el trigo estaba hermoso, muy crecido, las parras, los aceituneros, que maravilla...
Volví al pueblo rápidamente, quería contárselo a vuestra abuela, a mis amigos, retorné por el camino. Esta vez no encontré a las ranas en las charcas, el agua había desaparecido de ellas, incluso el arroyo de las piedras había menguado a pesar de seguir corriendo. La azada puesta en pie me esperaba en medio del camino, la talega junto a ella. La recogí y volví al pueblo. Nunca volví a ver a las ranas, las aguas menguaban en los arroyos, aunque no se secaron.
Las cosechas fueron llegando, los garbanzos que nos dieron años y años de pucheros, tiernos y hermosos que se deshacían en la boca, trigo que llenó el almacén, grano grande y fino, las uvas exquisitas, cebollas, patatas hermosas y grandes de las que comimos todo el pueblo, melones, sandías, orzas y orzas de aceitunas para machacar, para aceite.
Cada mañana al amanecer camino de la tierra un maravilloso sonido entra en mis oídos, miles, miles de ranas, con su croar al unísono se cuelan en mi cabeza. Ranas que cultivan la tierra mientras yo duermo. Nunca más las vi, pero sé que están ahí, cuidando de nosotros.


año 1, nº 1- agosto 2000. La voz de la cometa. 
Taller literario. Tu voz en Internet
pág 147- 151

La rana. Lola Soria, Manuel Lozano y Fernando Rebollo

Aquí te envío un relato sobre unas ranas muy peculiares. 
Ha sido elaborado entre Lola Soria,  Manolo Lozano y un servidor
esperamos que te guste.

Un relato que tras estas palabras comienzo a escribir, un relato que habla de un abuelo camino de las parras, camino de la tierra que cultivaba y lo que le sucedió en ese trayecto. 

Beires, otoño en Beires, sentados en la chimenea el abuelo contaba historias a los niños allí congregados. Los troncos ardían impulsados por la leña fina que el abuelo había colocado apenas cinco minutos antes. 
Maribel su nieta le había pedido que le contase alguna historia, venga, abuelo, cuenta abuelo. El abuelo se hizo de rogar un poco pero como los demás niños también insistían al final se decidió. 
"Pues veréis, una mañana iba al campo con mi azada y una talega donde llevaba la comida, pues muchos días almorzaba yo en el campo, clareaba el día, los gallos cantaban, kikirikí, kikiriki, los perros ladraban a mi paso, guau, guau, guau, pero como estaban encerrados en los corrales no podían hacerme nada. Tres cosechas perdidas, me veía sin fuerzas para cultivar, ésta casi seguro que sería la cuarta.
En las afueras del pueblo se podía observar como el sol no tardaría en salir, aunque todavía había sombras. En los árboles había un poco de rocío en sus troncos y en sus hojas, la hierba estaba mojada y mis botas se mojaban al pisarla, pues bien, cuando emprendía el camino del terreno que iba a cultivar, en un recodo del camino junto a un pequeño lago me encontré una gran rana, de color verde intenso, al mirarla empezó a croar y otras ranas vinieron hacia el lugar donde se encontraba ésta y también comenzaron a croar, jamás había visto tantas ranas juntas." 
Tu lector te preguntarás. Qué hace una rana grande, inmensa a estas alturas del relato, si el hombre iba alegre y confiado a cultivar la tierra. Qué culpa tengo yo lector, si al croar de esta vinieron otras y la orilla del camino se convirtió en una procesión de anfibios en la amanecida. Qué culpa tengo yo, qué culpa tiene el abuelo de que en un recodo del camino hubiese un pequeño lago donde las ranas se criaban grandes y hermosas, sigamos pues, que a estas alturas ya tengo curiosidad por saber lo que pasó. 
Giré la vista al camino y la rana grande dejó de croar, las demás se tornaron silenciosas emulando la conducta de su jefa. Proseguí camino hacia la tierra, la rana grande daba saltos y las demás hicieron lo mismo sobre la hierba. Me percaté de esto y de nuevo giré la cabeza para ver que pasaba, en ese momento comenzaron a croar de nuevo, salí corriendo despavorido y las ranas dando saltos y croando me perseguían. Vaya escandalera, yo estaba aterrado, tanto miedo tenía que dejé la talega y la azada en medio del camino, las ranas dejaron de croar, hicieron una gran círculo rodeando lo que se me había caído.


Proseguí camino, no me atrevía a volver al pueblo, miedo tenía que esta multitud de anfibios me persiguieran, todavía me quedaban varios recuerdos como el anterior y temía el mismo encuentro, los mismos sucesos. 
A medida que mis pasos me llevaban a la siguiente charca mis ojos se anticipaban e intentaban intuir lo que allí había, diez metros y ya estoy cerca, el camino y al lado la charca. Agua cristalina que deja ver el fondo y una diminuta rana sobre una pequeña piedra que al verme se sumergió en las aguas. Suspiré aliviado y proseguí camino. 
Tenía que pasar una pequeña corriente, salté sobre las piedras cuidando de no caerme al agua que se remansaba tras su lucha con las ruedas del molino que a escasos cien metros se encontraba. Un, dos, tres, cuatro y ya estoy al otro lado. El sol ya estaba fuera, los primeros rayos atravesaban las aguas, pequeños pececillos en bandada de un lado a otro del pequeño lago y una rana grande sobre una gran laja, de ojos vivos, inmutable ante mi presencia. Muevo un brazo para asustarla y comienza a croar, otras ranas, infinidad de ranas salían de las aguas y se colocaban en la orilla, mil, dos mil, tres mil ranas, grandes, pequeñas croando en las primeras horas día, alrededor de las piedras de paso, por todos los lugares del pequeño lago. 
Huí despavorido, subí la cuesta tras la cual se encontraba el valle en el que estaban los aceituneros, las parras, la alberca, el pozo. 
Tu.
¿yo?
Si tu, escribiente a un teclado pegado, deja al abuelo en paz ¿es que acaso no lo vas a dejar comer hoy?, ¿es que vas a llenar su tierra de anfibios, que de nuevo harán entrar en sus oídos ese ruido maravilloso en bajas cantidades e infernal en muchas?
No lo sé duende, no lo sé, no conozco aún la tierra que hay tras de la cuesta, trece líneas quedan para acabar el folio y ¡hay tantas cosas!, La tierra de Beires es tan fértil en recuerdos, historias, que no podemos más que dejarnos llevar por las aguas, por los vientos, por las ranas, por los viejos molinos. Deja duende que mientras el abuelo se sienta sobre una piedra y divisa el valle, por mis oídos suenen los cascabeles de Rosana, de esta canaria que en el domingo en el cielo a la par que los gorriones me canta lo que me quiere. "Al son de los cascabeles los domingos en el cielo....", muévete chiquilla, alegra esa cara, ese cuerpo, un, dos ... "Al son..." Ese acordeón, ay, ay,, "al son.."
La subida me había fatigado y al final de ella decidí sentarme en una piedra antes de disponerme a bajar al valle, las ranas habían agotado buena parte de las energías del desayuno. Quedé profundamente dormido, aunque el aire estaba un poco frío el sol ya comenzaba a dar en mi cuerpo, el lateral de la montaña me resguardaba de los fríos aires del Norte, ya conocéis ese lugar porque soléis pararos cuando vais a la alberca los veranos a bañaros.
Soñé que miles de ranas, grandes, pequeñas araban la tierra, eliminaban las malas hierbas dando saltos sobre ellas, sacaban agua de los arroyos, de los pozos, de las charcas y regaban las parras, los ajos, las cebollas, el perejil, asustaban con su croar a las alimañas, cuidaban los garbanzos y el trigo, nutrían sus raíces de agua, metían en ellas humus de otras tierras, abonos naturales, abrigaban las raíces de los aceituneros con hojas secas de álamos, convertían aquella tierra en el vergel que hacía cinco años fue. Cuando desperté miré el valle, miré mi tierra y la encontré más verde que nunca, emprendí carrerilla hacia allá ayudado por la bajada. El trigo había crecido, las parras comenzaban a augurar las uvas más jugosas de todos los veranos, los olivos estaban cargados de flores, de futuras aceitunas, ajos, cebollas, perejil frondoso, papas que hacían abombar la tierra de tan grandes que eran. 
Miré al cielo y pregunté que pasaba, había ocurrido un milagro, mi voz rompió el silencio de la mañana, demasiado ocupados debían estar allá arriba pues no hallé respuesta, pequeña voz la mía, para un cielo tan grande.
Me lavé la cara con agua fría del pozo, pues parecía no haberme despertado de aquel sueño, volví a mirar y era real lo que veía, la tierra sabiamente movida, toque las bolsitas de los garbanzos, auguraban una gran cosecha, el trigo estaba hermoso, muy crecido, las parras, los aceituneros, que maravilla...
Volví al pueblo rápidamente, quería contárselo a vuestra abuela, a mis amigos, retorné por el camino. Esta vez no encontré a las ranas en las charcas, el agua había desaparecido de ellas, incluso el arroyo de las piedras había menguado a pesar de seguir corriendo. La azada puesta en pie me esperaba en medio del camino, la talega junto a ella. La recogí y volví al pueblo. Nunca volví a ver a las ranas, las aguas menguaban en los arroyos, aunque no se secaron.
Las cosechas fueron llegando, los garbanzos que nos dieron años y años de pucheros, tiernos y hermosos que se deshacían en la boca, trigo que llenó el almacén, grano grande y fino, las uvas exquisitas, cebollas, patatas hermosas y grandes de las que comimos todo el pueblo, melones, sandías, orzas y orzas de aceitunas para machacar, para aceite.
Cada mañana al amanecer camino de la tierra un maravilloso sonido entra en mis oídos, miles, miles de ranas, con su croar al unísono se cuelan en mi cabeza. Ranas que cultivan la tierra mientras yo duermo. Nunca más las vi, pero sé que están ahí, cuidando de nosotros.


año 1, nº 1- agosto 2000. La voz de la cometa. 
Taller literario. Tu voz en Internet
pág 147- 151

miércoles, 1 de octubre de 2014

Manuel Lozano

Manuel Lozano



PRIMERA VINDICACIÓN DE LA NIÑA NATHALIE CRANE

Por Manuel Lozano



The waste remains, the waste remains and kills.
William Empson, Missing Dates





TRES POEMAS DE NATHALIE CRANE


TRADUCCIÓN DE MANUEL LOZANO


LA NIÑA QUE ENCEGUECIÓ

En plena oscuridad,
¿Quién me contesta del color de una rosa,
de los atavíos en el mes de mayo
y todas esas peregrinaciones que realiza?
En plena oscuridad, ¿Quién me contestaría -en la oscuridad-
a quién importaría si el olor de las rosas
y las cosas aladas
estuvieran ahí?
En plena oscuridad, ¿Quién meditaría
sobre la sugerencia de una línea,
cuando la oscuridad guarda toda belleza,
toda belleza más allá del pensamiento?
¡Oh, ceguera! Las profecías confortables
acompañan nuestros caminos,
hasta que las manos liberadas al fin
dejan caer la nómina de los días.
En plena oscuridad,
¿Quién contestaría del color de una rosa?
¿Quién, de los atavíos del mes de mayo?
¿Quién, de todas las peregrinaciones que realiza?
En plena oscuridad, ¿Quién contestaría -en la oscuridad-
a quién importaría
si el olor de las rosas y las cosas aladas
estuvieran ahí?





ESTA MUERTE, AUN
Me ha encontrado bajo un sicomoro o un arce, no recuerdo
sino su sombra profunda por la cara.
¿Cómo será de vieja esta costumbre,
con qué cuerpo me inclinaré sobre tu Gólgota?



UN REQUIEM
Tal vez sienta ella aquí
el aliento de los arrodillados,
dispuestos a esperar que todo tiempo pase.
Acaso ella escuche,
sintiendo de cerca a los extraños.
Acaso, Acaso, y si no es aquello,
Acaso.
Tal vez la rosa palpable pueda decirle
sin cuidar sus pétalos, junto a su mejilla,
"Tardía es la hora",
"Reposas demasiado".
Acaso, Acaso, y si no es aquello,
Acaso.
Tal vez los lirios digan a su lado:
"Despierta, de nuevo convertido,
¿No te levantas?
Ellos no están lejos".
Tal vez, tal vez. Deja ahora que sea
Quizás.


MANUEL LOZANO- PRESIDENTE
FUNDACIÓN INTERDISCIPLINARIA DE ESTUDIOS PARA EL DESARROLLO


E-mail: lozanocied@arnet.com.ar


Acaso nunca fue (y es lo más probable, estoy seguro) fotografiada por Cecil Beaton una prematura tarde de otoño en Nueva York, como Mae West o Marilyn Monroe. Quizás, remedando una tradición iniciada con Plotino, no condescendió nunca al hábito vanidoso y paródico de ser reproducida -selfconscius- en más o menos falaces retratos de la noche y del alba. Pero es incontrastable este hecho: Nathalie Crane, hasta estas dramáticas horas de fin de siglo, no gozó de los quince minutos de gloria caritativamente adjudicados por Andy Wharhol a cada ser mortal. Es como si quisiera, íntimamente, hipostasiar ese pobre destino. 1989 fue el año de mi encuentro con Nathalie Crane en una de las bibliotecas de la Universidad de Chile: sólo un nombre y dos fechas, al pasar, como una lápida funeraria, de ésas a las que nos tuvieron acostumbrados los diccionarios y las enciclopedias de la modernidad. Pero debieron pasar tres años para que me encontrase con la luminosa y definitiva escritora. 

A mediados de 1992 fui invitado especialmente por la "Maison International de la Poesie", para participar junto a trescientos cincuenta escritores de todo el mundo de sus conocidas y arduas Bienales de poesía en Liege. No sabía, no podía prever -siquiera vacilantemente- en un nuevo reencuentro con la escritora. La neblinosa ciudad de Simenon me abría las puertas. La prolija ciudad de las horcas (vi una, temerario y asombrado, junto a aparatos de precisión y viejos caleidoscopios en algunos de sus museos), la pequeña ciudad medieval me aguardaba con otros talismanes. Escribo en un texto la palabra "joya" e inevitablemente pienso en el Heliogábalo de Artaud. Los insidiosos y breves poemas de Nathalie, ajenos a cualquier ismo o escuela vanguardista de este siglo, son como esas piedras preciosas en las vestiduras del emperador, nunca concebidas como meros accesorios de la tela o renovados ornamentos que dicta la moda. 

Si, como dice Goethe, "la suprema, la única operación del arte, consiste sólo en dar forma", la forma de la joya (la forma del poema) constituyen en Nathalie Crane un principio de identidad que abre un nuevo orbe, pero que también lo clausura. Nunca creí que la edad fuese para un escritor un valor en sí o un disvalor. Podría sostener esta idea con los ejemplos antagónicos de Rimbaud y Sthendal, con el de Whitman y el de Sylvia Plath. Pero no nos termina de asombrar que Nathalie Crane, una niña de apenas ocho años, colabore regularmente con "The New York Sun"; o asistiendo a los diez años al nacimiento de su primer libro, "The Janitor´s Boy"; o verla publicando sus relatos en las revistas más diversas, durante su permanencia en el Jersey College; o dando a conocer su presagioso "Lava Lane", apenas cumplido los doce; o "El Cuervo que Canta", al año siguiente, junto a "The Sunken Garden"; o la trilogía "Invisible Venus", de 1928. No esbozaré la falaz y para mí siempre repugnante hipótesis del niño prodigio. En todo caso, es su obra la que debe mostrarnos las claves, algún señuelo. Pero ¿por qué el silencio de la niña Nathalie Crane, a partir de 1929? Escribo el sustantivo silencio ya que no he hallado, hasta el momento, obras posteriores a esa fecha. 

El silencio ha sido un tema demasiado caro a la literatura. ¿Y por qué no tener derecho a él, como un acto deliberadamente luminoso? Georges Bataille se permite este análisis: "¿Qué es el silencio? Ante todo, retirarse dentro de sí mismo, la absorción interior. Diríase que la carne entra en un estado de catalepsia, mientras que los nervios (o más bien lo sensible, lo vivo propiamente) revisten la superficie de ese retiro, lo envuelven en una pantalla de espera. El cuerpo paralizado es en ese momento como el crisol del alquimista: puede ser el lugar de la transmutación; puede igualmente no dar más que plomo." No es el caso de Crane la de una eremita buscando la Thebaida en el desierto, luego de sumergirse insaciable por el mundo. Pero lo certero es la honda dramatización producida luego de ese corte abrupto al silencio, en donde no fueron ni siquiera posibles el latido o el murmullo. 

En la literatura argentina hemos tenido dos ejemplos arquetípicos, en momentos disímiles: Enrique Banchs (omitiendo algunos lapsus verbae) y la iridiscente Alejandra Pizarnik. Y luego, esa hermosa línea de Poe, repetida tantas veces por Borges: "Silence, which is the merest word of all". Aventurada a regiones que jamás sospechamos, a zonas que estamos sospechando, la vidente Nathalie Crane me sigue esperando desde su ¿involuntario? eclipse. Es una niña que canta. Es una niña que llora, que advierte. Una arúspice desentrañando poesía de la poesía. ¿Habrá dicho at the just point, a la manera de Keats, "siento crecer las flores sobre mí"? ¿Quién sino ella misma pudo haber escrito a los dieciséis años su autobiografía, que como toda autobiografía tiene el sabor amargo de las despedidas anunciadas, incompletas? El libro se titula "Una Extraña desde el Paraíso".

Manuel Lozano

PRIMERA VINDICACIÓN DE LA NIÑA NATHALIE CRANE
Por Manuel Lozano



The waste remains, the waste remains and kills.
William Empson, Missing Dates





TRES POEMAS DE NATHALIE CRANE


TRADUCCIÓN DE MANUEL LOZANO


LA NIÑA QUE ENCEGUECIÓ

En plena oscuridad,
¿quién me contesta del color de una rosa,
de los atavíos en el mes de mayo
y todas esas peregrinaciones que realiza?
En plena oscuridad, ¿quién me contestaría -en la oscuridad-
a quién importaría si el olor de las rosas
y las cosas aladas
estuvieran ahí?
En plena oscuridad, ¿quién meditaría
sobre la sugerencia de una línea,
cuando la oscuridad guarda toda belleza,
toda belleza más allá del pensamiento?
¡Oh, ceguera! Las profecías confortables
acompañan nuestros caminos,
hasta que las manos liberadas al fin
dejan caer la nómina de los días.
En plena oscuridad,
¿quién contestaría del color de una rosa?
¿Quién, de los atavíos del mes de mayo?
¿Quién, de todas las peregrinaciones que realiza?
En plena oscuridad, ¿quién contestaría -en la oscuridad-
a quién importaría
si el olor de las rosas y las cosas aladas
estuvieran ahí?





ESTA MUERTE, AUN
Me ha encontrado bajo un sicomoro o un arce, no recuerdo
sino su sombra profunda por la cara.
¿Cómo será de vieja esta costumbre,
con qué cuerpo me inclinaré sobre tu Gólgota?



UN REQUIEM
Tal vez sienta ella aquí
el aliento de los arrodillados,
dispuestos a esperar que todo tiempo pase.
Acaso ella escuche,
sintiendo de cerca a los extraños.
Acaso, Acaso, y si no es aquello,
Acaso.
Tal vez la rosa palpable pueda decirle
sin cuidar sus pétalos, junto a su mejilla,
"Tardía es la hora",
"Reposas demasiado".
Acaso, Acaso, y si no es aquello,
Acaso.
Tal vez los lirios digan a su lado:
"Despierta, de nuevo convertido,
¿No te levantas?
Ellos no están lejos".
Tal vez, tal vez. Deja ahora que sea
Quizás.


MANUEL LOZANO- PRESIDENTE
FUNDACIÓN INTERDISCIPLINARIA DE ESTUDIOS PARA EL DESARROLLO


E-mail: lozanocied@arnet.com.ar


Acaso nunca fue (y es lo más probable, estoy seguro) fotografiada por Cecil Beaton una prematura tarde de otoño en Nueva York, como Mae West o Marilyn Monroe. Quizás, remedando una tradición iniciada con Plotino, no condescendió nunca al hábito vanidoso y paródico de ser reproducida -selfconscius- en más o menos falaces retratos de la noche y del alba. Pero es incontrastable este hecho: Nathalie Crane, hasta estas dramáticas horas de fin de siglo, no gozó de los quince minutos de gloria caritativamente adjudicados por Andy Wharhol a cada ser mortal. Es como si quisiera, íntimamente, hipostasiar ese pobre destino. 1989 fue el año de mi encuentro con Nathalie Crane en una de las bibliotecas de la Universidad de Chile: sólo un nombre y dos fechas, al pasar, como una lápida funeraria, de ésas a las que nos tuvieron acostumbrados los diccionarios y las enciclopedias de la modernidad. Pero debieron pasar tres años para que me encontrase con la luminosa y definitiva escritora. 

A mediados de 1992 fui invitado especialmente por la "Maison International de la Poesie", para participar junto a trescientos cincuenta escritores de todo el mundo de sus conocidas y arduas Bienales de poesía en Liege. No sabía, no podía prever -siquiera vacilantemente- en un nuevo reencuentro con la escritora. La neblinosa ciudad de Simenon me abría las puertas. La prolija ciudad de las horcas (vi una, temerario y asombrado, junto a aparatos de precisión y viejos caleidoscopios en algunos de sus museos), la pequeña ciudad medieval me aguardaba con otros talismanes. Escribo en un texto la palabra "joya" e inevitablemente pienso en el Heliogábalo de Artaud. Los insidiosos y breves poemas de Nathalie, ajenos a cualquier ismo o escuela vanguardista de este siglo, son como esas piedras preciosas en las vestiduras del emperador, nunca concebidas como meros accesorios de la tela o renovados ornamentos que dicta la moda. 

Si, como dice Goethe, "la suprema, la única operación del arte, consiste sólo en dar forma", la forma de la joya (la forma del poema) constituyen en Nathalie Crane un principio de identidad que abre un nuevo orbe, pero que también lo clausura. Nunca creí que la edad fuese para un escritor un valor en sí o un disvalor. Podría sostener esta idea con los ejemplos antagónicos de Rimbaud y Sthendal, con el de Whitman y el de Sylvia Plath. Pero no nos termina de asombrar que Nathalie Crane, una niña de apenas ocho años, colabore regularmente con "The New York Sun"; o asistiendo a los diez años al nacimiento de su primer libro, "The Janitor´s Boy"; o verla publicando sus relatos en las revistas más diversas, durante su permanencia en el Jersey College; o dando a conocer su presagioso "Lava Lane", apenas cumplido los doce; o "El Cuervo que Canta", al año siguiente, junto a "The Sunken Garden"; o la trilogía "Invisible Venus", de 1928. No esbozaré la falaz y para mí siempre repugnante hipótesis del niño prodigio. En todo caso, es su obra la que debe mostrarnos las claves, algún señuelo. Pero ¿por qué el silencio de la niña Nathalie Crane, a partir de 1929? Escribo el sustantivo silencio ya que no he hallado, hasta el momento, obras posteriores a esa fecha. 

El silencio ha sido un tema demasiado caro a la literatura. ¿Y por qué no tener derecho a él, como un acto deliberadamente luminoso? Georges Bataille se permite este análisis: "¿Qué es el silencio? Ante todo, retirarse dentro de sí mismo, la absorción interior. Diríase que la carne entra en un estado de catalepsia, mientras que los nervios (o más bien lo sensible, lo vivo propiamente) revisten la superficie de ese retiro, lo envuelven en una pantalla de espera. El cuerpo paralizado es en ese momento como el crisol del alquimista: puede ser el lugar de la transmutación; puede igualmente no dar más que plomo." No es el caso de Crane la de una eremita buscando la Thebaida en el desierto, luego de sumergirse insaciable por el mundo. Pero lo certero es la honda dramatización producida luego de ese corte abrupto al silencio, en donde no fueron ni siquiera posibles el latido o el murmullo. 

En la literatura argentina hemos tenido dos ejemplos arquetípicos, en momentos disímiles: Enrique Banchs (omitiendo algunos lapsus verbae) y la iridiscente Alejandra Pizarnik. Y luego, esa hermosa línea de Poe, repetida tantas veces por Borges: "Silence, which is the merest word of all". Aventurada a regiones que jamás sospechamos, a zonas que estamos sospechando, la vidente Nathalie Crane me sigue esperando desde su ¿involuntario? eclipse. Es una niña que canta. Es una niña que llora, que advierte. Una arúspice desentrañando poesía de la poesía. ¿Habrá dicho at the just point, a la manera de Keats, "siento crecer las flores sobre mí"? ¿Quién sino ella misma pudo haber escrito a los dieciséis años su autobiografía, que como toda autobiografía tiene el sabor amargo de las despedidas anunciadas, incompletas? El libro se titula "Una Extraña desde el Paraíso".

sábado, 18 de mayo de 2013

Advocación sobre la figura de Jano. Manuel Lozano

ADVOCACIÓN SOBRE LA FIGURA DE JANO

¿Qué ficción espúrea llega a esta casa?
Enciende lo inconcluso.
Es la voz de un crimen que se pasea
entre los aserraderos verdugos de mi profanación.
Bajaré al subsuelo.
Huesos atrapados donde no estuve,
cautelosa gangrena de los mártires,
levemente cubrirían un mantel de cenizas.
Pero las cáscaras de la memoria iluminan el jardín.
Semejan una morada que no corrigen mis pasos
expuestos a la depredación de la dicha,
cueva laberinto entre la muerte y su sentencia.
Hablé contra la acacia de las apariciones.
Manchas de aceite trae mi atavío.
¿Qué retorno ha de ser un inicio?
¿Dónde la teúrgia del fuego?
¿Cuántas piedras tapian desde siglos tu salida,
Orestes o Lázaro, Medea o Apolonio a sobresaltos
cumpliendo el luto ardiente del destino,
espiando por las rendijas cada cuerpo
en el fondo del plato?
Contigo las palabras se bautizan con humo.
Son dos puertas y un cetro los guardianes,
pero no debes entrar.
Ha llegado el solsticio.
Principia la fiesta.
Que el herrero sea envuelto en relámpagos.  
                                                                                        Manuel Lozano
New York-Buenos Aires, septiembre de 2000
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. 
Derechos reservados.

Advocación sobre la figura de Jano. Manuel Lozano

ADVOCACIÓN SOBRE LA FIGURA DE JANO

¿Qué ficción espúrea llega a esta casa?
Enciende lo inconcluso.
Es la voz de un crimen que se pasea
entre los aserraderos verdugos de mi profanación.
Bajaré al subsuelo.
Huesos atrapados donde no estuve,
cautelosa gangrena de los mártires,
levemente cubrirían un mantel de cenizas.
Pero las cáscaras de la memoria iluminan el jardín.
Semejan una morada que no corrigen mis pasos
expuestos a la depredación de la dicha,
cueva laberinto entre la muerte y su sentencia.
Hablé contra la acacia de las apariciones.
Manchas de aceite trae mi atavío.
¿Qué retorno ha de ser un inicio?
¿Dónde la teúrgia del fuego?
¿Cuántas piedras tapian desde siglos tu salida,
Orestes o Lázaro, Medea o Apolonio a sobresaltos
cumpliendo el luto ardiente del destino,
espiando por las rendijas cada cuerpo
en el fondo del plato?
Contigo las palabras se bautizan con humo.
Son dos puertas y un cetro los guardianes,
pero no debes entrar.
Ha llegado el solsticio.
Principia la fiesta.
Que el herrero sea envuelto en relámpagos.  
                                                                                        Manuel Lozano
New York-Buenos Aires, septiembre de 2000
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. 
Derechos reservados.

martes, 14 de mayo de 2013

Conversaciones con Manuel Lozano.

CONVERSACIONES CON MANUEL LOZANO: "ESAS TRAVESIAS REVELADORAS COMO FOGATAS EN EL CEREBRO "


(Entrevista realizada por Fábio Flora, de la Universidade Estadual de Río de Janeiro)

1) Manuel, o inevitável mas ( ou "porque") sempre interessante como- tudo - começou : ¿o que o levou a descobrir e seguir a carreira de escritor? Conta um pouco do seu caminho , de suas primeiras estórias em relação a este reino das palavras .
1) Manuel, resulta inevitable pero, (porque) siempre interesante como -todo- comienzo: ¿qué lo llevó a descubrir , a seguir la carrera de escritor? Cuenta  un poco de su camino, de sus primeras historias en relación con ese reino de palabras.
Las palabras escarbaban proteicas en mí -salvajemente proteicas- desde el lecho amniótico, trazaban desde el inicio, si es que me permites este sustantivo conjetural, sus feroces o deslumbrantes caligrafías. He podido aventurarme (sobre todo con la poesía, con la presencia de esa firme " epopteia " (1) de los griegos, que tan acertadamente recuperara Pico Della Mirándola en sus "Conclusiones philosophicae , cabalisticae et theologicae ", comúnmente reconocidas como "Las 900 tesis") hacia regiones insospechadas. ¿Por qué no habría de serlo si el misterio se me presentaba con sus tenazas y su fiebre? A medida que me acercaba más una emboscada siempre, en ocasiones un foso. Allí persiste el deslumbramiento, sin el cual toda poesía no es más que una palabra vaga. Sin esa busca de la revelación a través de la poesía, sin ese deseo insaciable carcomiéndome desde el inicio, no podría haber escrito nunca. Hablo, naturalmente, de quien está dispuesto a cantar, pero a cantar también con su silencio.
¡Ah esas travesías como fogatas en el cerebro, ese despertar al mundo con sus plegarias de cenizas…! Porque, sin lugar a dudas, el arte es una de las más altas y consumadas formas de la plegaria, no mirada precisamente desde un punto de vista religioso. ¿Acaso no dieron cuenta de esas exploraciones Latréamont y Rimbaud, Empédocles de Acragas, Jean Cocteau y René Char?
No recuerdo una época de mi vida en que no escribiera, en que no imaginara sueños (la imaginación es siempre un intento de recuperar la inscripción exultante de los sueños), o en que no bebiera de pesadillas convertidas -en ocasiones- en palabras o esbozos de palabras que después me llevaban a otras y otras y otras.
Aun antes de saber leer o escribir (por los dos años y medio o tres), dictaba palabras o frases que mi madre -a veces, acompañada por mi abuela materna- anotaba prolijamente en cuadernos, según me contaron, con una gran naturalidad no exenta de asombro y de cierta cuota de secreto familiar. Mi abuela y mi madre han sido y siguen siendo "maestras orales", tal vez a su pesar, ya que en ellas toda una revisitación del ayer, los relatos, a veces un mero episodio, fluyen con el ritmo de un manantial inesperado, para mi asombro inclaudicable . Manantial, esa presencia tan cara a Mallarmé . Aunque mi abuela materna murió hace varios años, hablo en presente de ella, ya que sigue acompañándome con esa irremisible y ubicua memoria que es la memoria de los muertos en nosotros: un fascinante espejo. Ahora que estoy corrigiendo la nouvelle " Madama Buero ", descubro y redescubro la sombra de muchísimas historias contadas por mi abuela o por mi madre, historias metamorfoseadas por el vuelo y la sumersión de toda poesía. También suelen aparecer –aunque de distintas formas en mis dos últimos libros de poemas, de poemas narrativos: " La Noche Desnuda de Rostro Ciego" y " La Rueca Dorada ".
 Hay una cita grabada a fuego en mí: Plinio la atribuye al artista griego Apeles y es " nulla dies sine linea ".Tengo dos primeros como fuertes recuerdos literarios: El de la fulmínea enfermedad y muerte de mi mejor amiga de juegos, a los seis años, con todos los agujeros y abalorios de un primer contacto con "la dama que agosta" (Alejandra Pizarnik dixit ), y también el de desenterrar -literalmente desenterrar- en el parque de una casa recién inaugurada, extraños botellones oxidados, repletos de humedecida sal por debajo de un rosal silvestre bordeado por blanquísimas calas. Esa curiosa labor me entretenía en horas de la siesta, cuando dormían mis padres.

2) ¿ Algum autor ( ou autores) que tenha ( m) exercido maior influência em sua obra?
2) ¿Algún autor (o autores) que haya(n) tenido mayor influencia en su obra?
¡Son tantos, que sufriría si olvidara a alguno! Siempre fui fiel a mis influencias y sé -con el versículo de las Escrituras- que "ex nihilo nihil ". No solamente los maestros de la literatura conviven o han convivido conmigo, sino, también, los del pensamiento y los irisados del arte.¿Cómo olvidarme de Hiernymus Bosch , de Lucas Cranach , de Memling , de Goya, de Vermeer , de Velázquez , de Gustav Moreau , y -más acá en el tiempo- de aquella nombradora de lo visible y lo invisible que fue Leonor Fini ? A esta última, le dediqué una especie de ars poetica llamada " Incantaciones con esfinge guardiana"(2)
¿ Cómo olvidarme de los textos sagrados, algunos también profanamente sagrados, desde la Biblia hasta la Kabalah , el Cantar de Gilgamesh y los reveladores poemas egipcios? No azarosamente titulé "Libro de Amenemope " (3) a mi primer libro: era un homenaje a ese escriba que es todos los escribas y representa un emblema inactual en la busca del conocimiento.
¿Cómo olvidarme de los clásicos griegos y romanos, sobre todo de los presocráticos, Platón, los neoplatónicos, Virgilio, Ovidio y Séneca de anchos mares? Debería, a mi vez, nombrar a Lope, Cervantes y Quevedo. Debería nombrar a los simbolistas franceses, a Georges Bataille y Jean Genet , a Pierre Klosowsky y el inactual André Pieyre de Mandiargues . Entre los argentinos, tuve el enorme privilegio -se diría un milagro- de ser amigo de lo que, irónicamente, Victoria Ocampo llamara " la Santísima Trinidad ": Borges- Bioy Casares-Silvina Ocampo. Aunque yo era un adolescente extraviado en previsibles " timideces ", ellos me recibían como si fuese ya un escritor conocido, la hospitalidad y la amistad con que me honraban son ya parte de mi nostalgia y las extraño cada día.

3) Você é poeta, prosador, crítico literário , ensaísta , conferencista, pesquisador , entre outras e diversas atividades ; ¿ qual ou quais delas você destacaria como especialmente prazerosa (s), aquela (s) que melhor o define( m)?
3) Usted es poeta, narrador, critico literario, ensayista, conferencista, investigador, entre otras diversas actividades; ¿cuál o cuáles de ellas destacaría como especialmente placentera, aquélla(s) que mejor lo define(n)?
La de poeta y ensayista, sin lugar a dudas, aunque no quiero menoscabar o restar importancia a las demás. Una vida se pierde y se reencuentra en espejos cóncavos, las fronteras se difuminan en ese incalculable jardín que nos ofrece el arte, y que se ofrece a nuestra sangre anhelosa. Alguna vez escribí que soy un jardinero arañando universo.

4) Dentre as obras da literatura universal, em qualquer gênero , ¿ qual gostaria particularmente de ter escrito e por quê ?
4) Entre las obras de la literatura universal, en cualquier género, ¿cuál le agradaría particularmente haber escrito y por qué?
No pocas. Me aventuro hoy en éstas: El Eclesiastés y el Libro del Apocalipsis, " The Waves ", de Virginia Woolf , ciertos pasajes de "El jardín de los suplicios" del hoy eclipsado Octave Mirbeau , el " Journal " de León Bloy (naturalmente, para divertirme con su juego magnífico de insultos e ironías hiperbólicas), todos los libros del altísimo y venerable Marcel Schwob , "Los Cantos de Maldoror ", del Conde Ilustrísimo, también " The Green Child ", de Herbert Read , "El Hacedor", de Borges, y "Amarillo Celeste" o "Los Días de la Noche ", de mi querida Silvina Ocampo.
En el caso de El Eclesiastés o de El Apocalipsis, rescato la visión profética en tanto desdoblamiento innumerable de esa caverna monstruosa que es la tragedia de la condición humana, también los releo en tanto espléndidos poemas fantásticos. ¡Pienso en las anónimas manos, escribiéndolos y corrigiéndolos a lo largo de generaciones! De Bloy , admiro su suntuosa y tenaz resistencia, la creación de un desierto propio en aquel París conflictivo e inmisericorde de fines del siglo XIX. De Octave Mirbau , sobre todo, la creación de atmósferas crueles (de inocencia cruel), tan caras a su exótico decadentismo. A Marcel Schwob , paleógrafo y buceador de mundos inverosímiles, ¿qué gran escritor no le debe algo? De " La Niña Verde ", exhumo la curiosa hipótesis del espíritu como hambriento insaciable y, desde cierto lugar, degradador de la felicidad del hombre. Y luego Silvina y Borges y Virginia Woolf , por la encendida poesía, por las borrascas, por los errores del precipicio, pero también por la esperanza.
5) Em seus escritos, você demonstra uma atitude bastante reflexiva relativamente à questão da juventude — as concepções , ações , reações , criações ligadas à idéia de juventude . Vemos um exemplo dessa reflexão nas belas linhas de "Delicados fragmentos de un arcoiris roto", publicadas nesta edição . Em um dos trechos deste ensaio , você comenta que "Hoy asistimos desasosegados a las múltiples invasiones de ese Leviathán llamado globalización". Como representante do pensamento jovem atual , ¿de que maneira você vê o efeito dessa globalização sobre a juventude ? ¿Acredita que isso contribui de algum modo para que ela esteja mais "triste", mais "limitada", ou ao contrário mais " livre ", com mais perspectivas do que nas décadas e séculos passados ?
5) En sus textos, usted demuestra una actitud bastante reflexiva en relación con cuestiones juveniles - concepciones, acciones, reacciones, creaciones ligadas a la idea de la juventud. Vemos un ejemplo de esa reflexión en las bellas líneas de "Delicados fragmentos de un arcoiris roto", publicadas en esta edición. En uno de los parágrafos de este ensayo, usted comenta que "hoy asistimos desasosegados a las multiples invasiones de ese Leviathan llamado globalización". Como representante del pensamiento joven actual, ¿de qué manera usted ve el efecto de esa globalización sobre la juventud? ¿Cree que eso contribuye de algún modo para que ella esté más "triste", más "limitada", o al contrario mas "libre", con más perspectivas que en las décadas y siglos pasados?
Detesto, quiero anticiparme, la palabra globalización, por sus crasas connotaciones mercantilistas y fácilmente económicas o financieras. Preferiría inclinarme por lo que, intelectuales como Viviane Forrestier , llaman " mundialización ". Lo cierto es que -y a pesar de la innegable presencia e influencia de la Aldea Global- hoy conocemos menos de literatura africana o latinoamericana, que lo que podíamos conocer en los ´60 s o ´70 s. Asistimos a la imposición, en ocasiones grotesca y despiadada, del paradigma norteamericano que, lamentablemente, ha saltado también a la vieja Europa.La mundialización es un Leviathán , pero también un " janus bifrons ": Nos queda un inmenso desafío, en especial a los intelectuales, de enfrentar todo vaciamiento cultural, todo desgarro, aunque nuestras voces parezcan -como las de Juan-, predicando en un desierto anodino y brutal.En cuanto a la juventud, no me parece un valor ni un disvalor . Puedo comprender sus vicisitudes y problemas, pero me importa esencialmente el individuo, más acá de las nimias cronologías. Los jóvenes parecen no escuchar ya a los viejos sabios. Soy un inactual, como diría Nietszche .

6) Você tem feito um constante e valioso trabalho de " resgate " da obra de escritores argentinos e, de forma geral , latino-americanos pouco conhecidos . Mesmo entre os mais conhecidos em seus países de origem , ¿ quais você acha que mereçam ou teriam merecido justamente uma projeção de fato mundial, a ponto inclusive de serem fortes candidatos a um Nobel , por exemplo ? ¿Considera que tenha havido muitas injustiças nesse caso, muitos talentos literários que nunca obtiveram o devido reconhecimento internacional? Quais teriam sido os maiores injustiçados , em sua opinião ?
6) Usted tiene hecho un constante y valioso trabajo de "rescate" de la obra de escritores argentinos y de, manera genérica, latino-americanos poco conocidos, asimismo, entre los más conocidos en su pais de origen, ¿cuál  cree que merezca o tendría merecido justamente una proyeccion mundial, al punto inclusive de ser candidatos a un premio nobel , por ejemplo? ¿Considera que haya existido mucha injusticia en ese caso, muchos talentos literarios que nunca obtuvieron el debido reconocimiento internacional? ¿Cuáles hubiesen sido los mayores ejemplos de injusticia, en su opinión?
Sí, es verdad, me propuse, desde los 17 años, hacer un rescate de escritores olvidados o parcialmente eclipsados. He escrito e investigado sobre autores como Héctor Alvarez Murena, Aldo Pellegrini , Nidia Lamarque , Julio César Dabove , Macedonio Fernández, Daniel Devoto, Vicente Barbieri, María Luisa Bombal , Elvira de Alvear , Delmira Agustini , Alí Chumacero : los nombro más acá de generaciones o de geografías; he escrito los primeros estudios literarios sobre el esplendente Santiago Dabove . Cuando empecé a estudiar la obra de Silvina Ocampo y a dar conferencias o seminarios sobre su obra, allá por 1985, Silvina no era parte de la llamada currícula de las universidades. Era un curioso caso de outsider fuera del canon oficial de la literatura argentina, una escritora "célebre" pero no leída (y menos aún estudiada .) La injusticia para con ella fue más que evidente. Hoy ha cambiado -ciertamente- este panorama, creo que he aportado mínimamente en esta metamorfosis. ¿O no era Jung quién sostenía que cada artista sostiene por unos minutos la encendida antorcha, para entregársela a otro? En cuanto al Nobel , ¿qué podría decirte o no decirte después del caso Borges? ¿Acaso lo recibieron Wilde o Virginia Woolf ? Siempre recuerdo que Winston Churchill  obtuvo el de literatura. Naturalmente, Silvina y Borges merecerían un Nobel post-mortem pero, ¿en qué cambiaría esto la situación? ¿Para qué esa parodia? 
El absurdo y el grotesco también son inactuales. Quien escribe para premios -y no son escasos- tergiversan su destino, sumándose a una suerte de prostitución, aunque suene demasiado duro este concepto. Pero éstos son los tiempos que corren. Un premio o una distinción pueden resultar espléndidos estímulos para el conocimiento o difusión de un libro, pero la literatura fluye desde y hacia otro lugar. Un verdadero escritor -permítame el epíteto- buscará destejer el arcoiris , como quería Keats . El verdadero escritor dará el salto en busca de la sustancia, aunque sepa – ab initio - que esa sustancia es innombrable o incomunicable: si la viésemos, nos fulminaría. Ese salto puede ser un exilio o una revelación. Allí está la clave desesperada, sobreviviente del enigma.
Buenos Aires, junio de 2004
NOTAS :
  1. Es decir, como revelación simultánea de una visión del mundo.
  2. Texto incluido en el libro "Mansión Artaud " (actualmente en proceso de edición en Argentina)
  3. Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1987

Nacimiento de las leves criaturas. Manuel Lozano


 
Nevertheless, I dislike
The way the ants crawl
In and out of my shadow

Wallace Stevens, Six significant landcapes
PRELUDIO

I

Presérvate de la peste,
son antiguas sus destilaciones alrededor de las mágicas raíces,
y acaso nadie la contenga después.
¿ Ya escupiste sobre sus ojos?
El resplandor corrompe el luto de estas dinastías
hasta donde no llegan infancia ni memoria.
El astrolabio calla su tela de diamantes.
¿ Pusiste las manos en otra cara llena de moscas?
¿ Estabas dormido?
Has convocado el hervor yacente de un foso
al filo de la certidumbre
con trapos diminutos de la fiesta.
¿ Le preguntaste si veía el infierno?
Cuando los dueños se reclinan como lluvias,
abres la jaula que habitó la criatura,
objeto letárgico arrancado de golpe
a la leche incrustada desde lo alto.
Anuncio un inmigrante
en la genealogía de los reyes antiguos.
Un inmigrante es una esfinge.
¿ Qué gusano extiende el gozo, se prepara al letargo
de los cartílagos de muerte en el plato de Adán?
¿ Y por qué continúas con tus espléndidos ropajes
siempre detrás de los árboles del vértigo,
oyendo el eco de paredes sepultadas
y la ausente migración del cinabrio?
Fueron las saturnalias, enloquecidas tentaciones,
más firmes que la navaja sonámbula o el sol del eremita,
quienes me convocaron al ascenso.
Balaustradas de mármol quedan en mi cueva,
rastros que zumban en suspenso, que interrogan.
Enardecen las puertas.
Clausuran las salidas.
Llenan los huecos de aguijones.
A veces cimbra en la piel el oro del falsario.
Me pregunto quién tiñe de lenta aprensión
los juguetes lapidándose
sólo a la distancia, lo que alumbra reliquias y sollozos?
Esta usura de las brasas me desuella.
La sangre se prueba con la sangre, has escrito.
¿ Es la hendidura nocturna tu pasado
en la estría más ebria del color de las valvas?
En este atrio descifrarás los indicios.
Como en el tiempo de los sobrevivientes,
una mujer recorre su casa hasta el polvo del derrumbe
sin salir de este umbral entreabierto en que naces
para advertir a los perseguidores la ley de un nuevo imperio.
Delator, vítreo, imantado,
llega el monstruo a unir desde su soledad
la misma soledad de todo,
a desenhebrar (escombro por escombro) los últimos vestigios
de la historia inocente.
Cuando oyeres su voz, ¿escogerías al innombrable?
Se trata de resucitar el feroz oleaje de una aparición.
Los claustros fueron sumergidos.
Todavía hay cortezas, astillas, restos que escarban
la duración del muro en la palabra.
¿ Arde el bosque cuando me abandonan?
Arde una ilimitada pupila en el escalofrío de mis hijos.
Un fénix resucita en Heliópolis.
Garza con larga cresta (nacida de ti mismo en los desiertos
de Arabia,
rayo elevado desde el altar natural de un sicomoro,
nunca te sobornan el futuro voraz ni el cuerpo adolescente.
Mutarías el helecho abandonado, los siete escorpiones de Isis,
Nesret, la flamígera, con cetro y corona en nuestras tiendas,
el hormiguero sobre el rostro difunto.
Crespones del amanecer.
Ranuras donde bendecir el paso del amor,
su costado y su fusilamiento.

II

¿ Pero he de contar sólo con palabras (resistente extrañeza)
mi viaje por el fuego,
la trama que no he visto en la hojarasca?
Las incontables, marginales edades vienen hacia él.
No debo llorar sobre mis miembros desunidos,
tampoco reemplazarlos.
Limosa ficción, evaporan mis huesos.
Ya no exalto tu raza primigenia, tu aliento milenario,
el feroz acertijo debajo de los hierros.
Es cóncava y helada la habitación en que vives,
y ¿ vista desde arriba se dispersa en humo rojo.
Cómo llegaste a esa esfinge asombrada de perderte?
¿ Por qué espiabas el nido de abubilla en el roble sagrado?
¿ Dónde engarzaste el horror
del agua celeste corriendo por las tumbas?
Tantas preguntas frente al muro.
La criatura empuña su cuchillo,
pero no hay ciegos aquí que proclamen la pérdida oscura,
que comercien con apariciones hambrientas o beatíficas
sobre el altar de tus restos la sustancia.
Continúa la epopeya en las viejas hilanderías.

III

Pertenencias de la siempre duración,
escaleras abajo.
Veías las piedras candentes, las túnicas blancas,
la blanca cabeza coronada,
la víspera blanca reteniéndose entre las plumas del colibrí.
Sin embargo estabas inmóvil,
lastimada entre las circunvoluciones de la muerte.
Ramas de nardo vacilan junto al túmulo.
A eso hemos llegado, y es todo

IV

Pasó el cortejo como el cauce erizado de un río junto al peregrino. !Y por qué sale el musgo que no nombras de su boca marchita! !Y por qué la sombra en las ventanas, más envolvente y heroína que el viento golpeando contra el rumor de la profanación! Velante, agraviada por la desobediencia, con el aroma desconocido del mar, sus pies abandonan el invierno de las grandes ciudades.
Ya nunca esperes con tu desnudez ni puedas decirme el himno que fulmina con tristeza. Con otra mirada, háblame desde la fragilidad de las calas infantiles, desde el aroma invisible de una obscena dalia cortante. ¿Qué carne de esfinge se encarnó entre nosotros? Disueltas las moradas del día sobre los cuerpos. Cortadas las mordeduras. ¿Qué inválido dios, qué comediante es este intruso?
Desde mi nacimiento fui el espectador de las sombras chinescas. Sé que hubieron forasteros como tripulaciones de gritos en lámparas artificiales. Se introdujeron por olvido en el error erizado de una lágrima. Ahora me escoltan.
Gritos, tripulaciones de gritos bajo el vapor de las bujías y el que invoca. ¿Defenderán a sus sirvientes con medios tan mecánicos? ¿Conservarían las escamas ante el paso del sol negro?
Allí estaban mis siglos. Aún no marchitados por el óxido elemental de la añoranza, distintos y una, letanías para nadie en la memoria de la pérdida.

V
Almácigos de un cruel pronunciamiento.
¿ Cómo es posible abandonarse hasta aquí,
aun a costa de perder la vigilia y sus metamorfosis?
Los mataderos exhalan el vaho.
Algunas veces te decían en sueños:
"Has nacido demasiado.
Has muerto demasiado en otras bocas".
Otras murmuraban:
"Sé fiel hasta el horror.
Sé fiel hasta el fósil.
Sé fiel hasta el acaso."

VI

La gran noche abrió su enloquecida distancia
antes de llegar.

VII

¿Quién puede decir que ha visto el mar, piadosas telarañas?

VIII

Y por qué siempre te acompaño, de generación en generación,
más acá del fuego y del murmullo, yo, Manuel Lozano,
verdugo o luz que te comiera las vísceras
hasta la enamorada aberración del principio?
Porque una sombra se clava para siempre
y nos contempla.
Chartres, 27-IV-2001

Manuel Lozano
FIED
Presidente
Fied_bsas@arnet.com.ar
* Derechos registrados.

Manuel Lozano nació en Córdoba, Rep. Argentina. Poeta, narrador y ensayista, ha cursado estudios en Estados Unidos y Europa. Es Master en Historia de la Cultura Argentina (medalla "Victoria Ocampo") y en Comunicación. Ha obtenido 41 premios nacionales e internacionales, entre ellos Primer Premio Fondo Nacional de las Artes, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Premio Ministerio de Asuntos Sociales de España, entre otros. Fue proclamado "Joven Sobresaliente de la Rep. Argentina 1991-92", en Arte y Creatividad, por la Cámara Junior. Es autor de "Libro de Amenemope" (Torres Agüero, Bs As, 1987), "La Línea y el Círculo" (Corregidor, Bs As, 1989), "Tratado sobre la Rotación de los Encantos" (Libros de la Isla Iluminada, España, 1992), "Bizancio bajo las Aguas" (en edición), "El Enigma Silvina Ocampo-La Paradoja y lo Sublime" (en edición). Ha recibido elogios de los más grandes escritores argentinos, entre ellos Olga Orozco, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges. Este último escribió acerca de su obra: "Nos deslumbra con páginas memorables. Descubro que tiene el hábito de frecuentar el universo, de traducirlo en misteriosas y afortunadas invenciones." (1984) "Príncipe en su territorio de prodigios, sus méritos ampliamente conocidos y reconocidos (...), suman el brillo verbal más la alta inspiración de su producción literaria." (Olga Orozco, 1992)